CIBELES VS. NEPTUNO

Por Patricio Sabido Malda

 

No puedo evitar frotarme las manos ante el choque que nos espera a finales de mes. No sólo en lo futbolístico, no únicamente por en el posible drama (como lo es empatar el juego en el minuto 92), sino por la profunda rivalidad cultural entre colchoneros y merengues.

No hay cancha en el mundo que sirva mejor para explicar lo que es un “derby” que la de San Siro. Incluso desde antes de que las Chivas dejaran el Jalisco, no ha habido estadio en el mundo que albergue a dos clubes tan grandes como el Giuseppe Meazza. Es curioso (y triste) que justo cuando la ciudad de Milán recibirá la final de la Champions League, ni el Milan ni el Inter hayan siquiera calificado, ya no digamos a la Champions, sino a ningún torneo europeo.

Pero a falta de participación local, un derby pujante viene a ocupar su lugar. Por primera vez en la historia dos equipos de la misma ciudad se enfrentaron en la final de la Champions en 2014. Dos años después, ambos regresan.

Quienes pretenden menospreciar al futbol español (comparándolo, por ejemplo, con el claramente inferior futbol inglés), suelen hablar de que en España sólo hay dos equipos y el resto no figura. ¿Cómo nos explicamos entonces la liga del Atlético de Madrid en 2014 y el haber sido finalista de la Champions 2 veces en 3 años? ¿A qué se debe que clubes españoles hayan ganado 7 de las últimas 12 ediciones de la Europa League, que dos veces haya sido frente a otro equipo español y que ninguno de ellos haya sido el Real Madrid o el Barcelona?

No puedo evitar frotarme las manos ante el choque que nos espera a finales de mes. No sólo en lo futbolístico, no únicamente por en el posible drama (como lo es empatar el juego en el minuto 92), sino por la profunda rivalidad cultural entre colchoneros y merengues.

Hablando de política, los seres humanos estamos acostumbrados a darnos la razón a nosotros mismos. Los que piensan como yo y están en mi bando político están bien, los que no, están mal. Buscamos que pase lo mismo con nuestras preferencias futboleras y así caemos en tremendas contradicciones. Por ejemplo, no importa qué tan positiva o reprobable sea la conducta de un jugador, nuestro juicio generalmente depende del color de la camiseta que defienda.

Así, durante años me llamó la atención el esfuerzo de un intelectual tan respetado y reconocido como Javier Marías, por desligar al Real Madrid del franquismo e identificarlo más bien con los republicanos. Situación similar del lado colchonero. Al final, ninguno de los dos bandos puede librarse de haber tenido entre sus abanderados a personajes como José Mourinho o Jesús Gil y Gil. Y principalmente, habrá que entender que la posición política e ideológica se forja durante la adolescencia y la juventud (los más sabios la siguen moldeando más allá de los cuarenta años, dicen). Mientras, el amor por un equipo, si es auténtico, se gesta entre los 5 y los 10 años de edad, cuando la política te importa lo mismo que la tasa de interés compuesto o la ley de propiedad intelectual.

Pero ese razonamiento no cabe en momentos como éste. Los madrilistas llegarán confiados en el espíritu y calidad de su club, en su ADN ganador (más cuando se trata de la orejona) y en el hecho de que casi siempre le han ganado al Atlético. Los colchoneros, en cambio, sacarán a relucir su calidad de mártires del futbol, capaces de aguantarlo todo y ser leales a sus colores a pesar del abusivo éxito de los blancos, tantas veces cuestionado moralmente. Pero no se engañen, para ser mártir hay que aceptar y hasta alegrarse del propio sufrimiento. Y en el fondo cualquier colchonero hubiera preferido evitarse el martirio de Lisboa hace dos años (si lo sabré yo).

¿Cambiará la historia esta vez? ¿Finalmente tendrán consuelo los colchoneros o veremos un capítulo más del éxito merengue frente a la frustración rojiblanca? Me solidarizo con el Atlético, me temo que gana el Madrid. Veremos.

 

EN EL ÁREA GRANDE

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