AGARRO MIS CHIVAS Y ME VOY…

En el área grannde

EN EL ÁREA GRANDE

Por Patricio Sabido Malda

No sería la primera vez que Vergara habla de más y exagera sobre sus planes, pero es muy probable que el nuevo formato de transmisión de Chivas (sea el que sea) acelere el cambio que ya está sufriendo la relación entre el deporte y la televisión, al menos en México.

A principios del siglo veinte, algunos inversionistas vieron al automóvil como una moda pasajera que nunca reemplazaría al caballo. Hubo quien dijo lo mismo de los Beatles. Un siglo más tarde, los llamados “pagers” (Skytel y Biper en México) se masificaron y luego desaparecieron en algo así como 5 años. La industria de los rollos fotográficos pasó de ser multimillonaria a casi inexistente en menos de 3 años. El cine  y la radio, cuya desaparición fue pronosticada por muchos con la llegada de la televisión, han seguido gozando de buena salud a lo largo de décadas.

Menciono estos casos sólo para ejemplificar lo impredecible de la tecnología y su consumo. Por lo mismo, no me avergüenza decir que no tengo la menor idea de cómo se vaya a ver la industria de las telecomunicaciones en veinte años. Es más, ni siquiera en cinco.

La evolución del deporte como producto de consumo masivo ha ido de la mano con la televisión. Los aforos en los estadios se han reducido, los sueldos de los protagonistas se han multiplicado y el futbol es una de las manifestaciones culturales más globalizadas, gracias a la televisión más que a cualquier otro medio. Particularmente en México (aunque hay casos similares en todo el mundo) los dueños del balón han sido también los dueños de la televisión.

Ayer Televisa lamentó la decisión del Guadalajara de no renovar contrato con ellos. Por los millones de mexicanos que ya no podrán ver a las Chivas, dijeron. La verdad es que lo único que les duele son los millones de pesos que dejarán de percibir. Mientras, Jorge Vergara anunciaba que van a romper paradigmas y que no negociarán con ninguna otra cadena.

No sería la primera vez que Vergara habla de más y exagera sobre sus planes, pero es muy probable que el nuevo formato de transmisión de Chivas (sea el que sea) acelere el cambio que ya está sufriendo la relación entre el deporte y la televisión, al menos en México. El 5 de agosto, en Río de Janeiro, se inaugurará el mayor evento deportivo del planeta. Y por primera vez desde que existe Televisa, los Juegos Olímpicos no serán transmitidos por ellos. Tampoco por TV Azteca, que cubrió los Juegos ininterrumpidamente desde 1976.

¿Qué sigue? ¿Cuánto tiempo le queda de vida al negocio de la televisión abierta? ¿Décadas, unos cuantos años? Es difícil pronosticarlo, pero si los seres humanos llevamos 50 años “pegados” a la televisión, no sé cómo describir la relación que llevamos hoy en día con nuestros teléfonos inteligentes y aparatos similares.

Ahí estamos todos, millones de consumidores potenciales agazapados en torno a las páginas web y las redes sociales. Como pececitos alrededor de migajas de pan. Habrá que ver qué forma tiene la red que nos atrape y sobre todo, quienes serán los pescadores que la usen con más habilidad. Sin que se la pelota se manche, claro.

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