JOHAN CRUYFF

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Por Patricio Sabido Malda

De más está decir que Johan Cruyff fue el corazón y el alma tanto del Ajax como de la Naranja Mecánica.

Hay una mesa especial en el Olimpo futbolero. Tan especial que leyendas como Puskas, Garrincha, Beckenbauer, Platiní o Zidane no son bienvenidos en ella. Como si estuviera diseñada para un juego de dominó, sólo tiene cuatro sillas. Hay quienes pensamos que en unos años podrían agregarse dos sillas, pero habrá que esperar un par de retiros y entrar en un debate que queda para otra ocasión.

Antes de 1970 el futbol holandés no pintaba en el mundo. Con sólo dos discretas participaciones en 9 mundiales y ambas antes de la Segunda Guerra Mundial, nadie volteaba a ver a los Países Bajos. Como una voz que clama en el desierto, el Feyenoord de Rotterdam ganó sorpresivamente la Copa de Europa en 1970. Al año siguiente el Ajax de Amsterdam igualó la hazaña y la repetiría dos veces más, ganando uno de los tres únicos tricampeonatos de Europa en la historia (uno de ellos fueron las 5 copas seguidas del Real Madrid en los cincuenta).

Un año después del tercer título del Ajax, la selección holandesa maravilló al mundo con su futbol total. Los detalles de aquel equipo abundarán en las páginas deportivas de todo el mundo en estos días. De más está decir que Johan Cruyff fue el corazón y el alma tanto del Ajax como de la Naranja Mecánica.

Cuando llegó al Barcelona, el club catalán ya era grande. Ya se decía que el Camp Nou era la “casa que construyó Kubala” (imitando la relación entre el Yankee Stadium y Babe Ruth). Si bien la época de Cruyff como jugador del Barcelona no fue la mejor de su historia, si tuvo momentos brillantes.

Cuando ya con Cruyff como entrenador el Barcelona ganó la Recopa de Europa en 1989, el logro parecía poca cosa en medio de una época (tan familiar para los mexicanos) en que el Real Madrid ganó 5 ligas consecutivas. Aún así Cruyff lo celebró. Estaba construyendo lo que sería una respuesta categórica a la época de la Quinta del Buitre. Entre 1990 y 1994 el cuadro blaugrana ganó cuatro ligas seguidas y su primera Liga de Campeones, que había tardado tanto en llegar.

En lo particular, me volví aficionado al Barcelona gracias aquel equipo de Cruyff donde brillaban Zubizarreta, Koeman, Romario, Bakero, Laudrup, Romario y Stoichkov, capitaneados por quien sería el más brillante sucesor de Cruyff en el banquillo: Pep Guardiola. En Cataluña bautizaron a aquel equipo como el “Dream Team” (de nuevo copiando, ahora al famoso equipo de baloncesto de Jordan, Magic Johnson y compañía que por esa época disputó los Juegos Olímpicos en la misma Barcelona).

Las glorias del Barcelona en los últimos diez años no opacan la época dorada de Cruyff como jugador y sobre todo como técnico. Y para dimensionar su legado, basta con decir que quienes nos preguntamos si este es el mejor equipo de todos los tiempos, inevitablemente lo comparamos con el Real Madrid de DiStefano en los cincuenta, el Brasil de Pelé de 1970, la Holanda de Cruyff de 1974 y nada más.

Es difícil saber si partir a los 68 años es demasiado pronto. Hasta ahora la muerte se había mostrado complaciente con esta mesa especial: Di Stéfano llegó a los 88 años, Pelé tiene 75 pero aparenta 20 menos y Maradona ha retado y librado a la muerte ya varias veces, independientemente de su edad.

Hoy esta mesa se divide, mitad y mitad entre el cielo y la tierra. Sería un error decir que su único miembro nacido en Europa nos deja un vacío. No, nos deja un legado de de magia, de futbol y de eterno agradecimiento.

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