LA MUERTE DEL AFICIONADO

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Hay equipos que consideran al aficionado parte esencial del equipo, el motor que con su apoyo motiva a ser los mejores.

Generalmente aquél que acude a un estadio de futbol para apoyar a su equipo es llevado por el amor hacia este, ese sentimiento que por 90 minutos te lleva al éxtasis de agitar una bandera, gritar los goles, cantar los cánticos de las barras.

En caso de obtener la victoria te sientes orgulloso de portar dichos colores, comentas con tu familia los momentos claves del jugador o incluso esperas a verlos salir para pedir una fotografía o una firma de tu jugador favorito.

Los problemas llegan cuando el mismo equipo desarrolla un sentimiento de desprecio hacia su afición,  les cierra las puertas en la cara, no los deja pasar a los entrenamientos, los mismos jugadores evitan encontrarse con ellos.

Eso ocurre con uno de los equipos llamados “Grandes” en México que ya de grande solo queda el recuerdo. Me refiero a Cruz Azul, ¿Les suena el nombre? Ese, aquél que era llamado “La Máquina”.

Siempre se había caracterizado además de tener una afición familiar,  se podían ver a los niños con sus padres en las gradas, ancianos, mujeres étc.

Recuerdo cuando asistía con mi familia y nos gustaba el color de las tribunas, observar a los aficionados ahí reunidos pegando el mosaico para levantarlo cuando el equipo saliera a la cancha, agitar las banderas y hacer sonar las trompetas

Ahora, desgraciadamente no solo se caracteriza por sus pésimos resultados, sus pésimas contrataciones o por tener un DT que le queda grande la playera, sino también por elevar de manera escandalosa e injusta los precios de los boletos para asistir a un juego.

Quizá para alguien que tenga la liquidez para pagarlo no habrá ningún problema gastar dicha cantidad, pero quizá para una familia aficionada de 5 integrantes que viven del salario mínimo no.

El color de las tribunas ya no existe, los cánticos se escuchan muy al fondo en un rincón como si su afición tuviera una enfermedad contagiosa, las banderas ya no ondean y el pitido de la máquina se apagó, se convirtió en un sonido bocinero.

Espero que esto no sea contagioso, que las aficiones de los equipos restantes no se apaguen y el futbol mexicano se convierta en algo tan triste y seco como el Estadio Azul.

El futbol debe ser para todos, no debe ser clasicista porque guste o no es un deporte popular y un equipo que no ve por su afición no merece ser llamado “Grande”

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