CONSECUENCIAS Y APRENDIZAJES

 

Por Patricio Sabido Malda

A cambio del impulso anímico y la integración de un equipo comprometido, tener a Herrera al frente de la selección venía acompañado de imprudencias, comentarios y actitudes fuera de lugar y el riesgo de algún desaguisado mayor. Lo que me llama la atención es que quienes hace un año aplaudían sus histriónicos festejos, hoy se rasgan las vestiduras por la poca “categoría” de nuestro técnico nacional.

Cuando Víctor Manuel Vucetich reemplazó al Chepo al frente de la selección ante la amenaza –real- de quedar fuera del mundial, se esperaba un revulsivo, que el equipo mexicano volviera a mostrar carácter. El resultado fue desastroso. En el partido definitivo México jugó sin alma ante un Costa Rica que ya no se jugaba nada y si no quedamos fuera en ese momento, fue porque Panamá desperdició su oportunidad y recibió dos goles en los últimos minutos.

Después del repechaje ante Nueva Zelanda muchos han dicho que cualquier técnico hubiera podido con ellos. Y claro, cualquiera profetiza un resultado después del juego. Pero en aquel entonces el antecedente inmediato era una Nueva Zelanda que había salido invicta del último mundial (empatando con Eslovaquia, Italia y Paraguay) y una selección mexicana que con el Chepo o Vucetich, se veía incapaz de ganarle a las reservas del Deportivo Calcoyucan.

La elección de Miguel Herrera tenía todo el sentido. Como técnico campeón y superlíder en ese momento, parecía la mejor salida para inyectarle la actitud que hacía falta a la selección. Por el poco tiempo disponible, también tuvo sentido que jugara el repechaje con una base de jugadores a los que conocía y en quienes confiaba.

¿El resultado? Fuimos al mundial y tuvimos una actuación bastante digna. Pero no nos equivoquemos, antes de ser técnico nacional, es más, antes de ser entrenador de lo que fuera, ya el Piojo era como es. Echado para delante, atrevido, informal, bravucón, impulsivo, imprudente, quejumbroso y de mecha muy corta.

A cambio del impulso anímico y la integración de un equipo comprometido, tener a Herrera al frente de la selección venía acompañado de imprudencias, comentarios y actitudes fuera de lugar y el riesgo de algún desaguisado mayor. Lo que me llama la atención es que quienes hace un año aplaudían sus histriónicos festejos, hoy se rasgan las vestiduras por la poca “categoría” de nuestro técnico nacional.

Al final pasó lo que pasa con todos los entrenadores de la selección. Después de un tiempo (a veces mayor, a veces menor), la relación con el grupo se desgasta, los resultados no son lo que se espera y se acaba el idilio con la afición. Aunque se ganó la Copa de Oro, todos sabíamos que fue gracias a la inoportuna intervención de un árbitro (de buena o mala fe) y no gracias al trabajo del equipo mexicano. En medio de muchas dudas, Miguel Herrera dio un “golpe de carácter” y le simplificó la decisión a los directivos.

Todo en la vida tiene consecuencias. Para los más sabios esas consecuencias se convierten en aprendizajes. Veremos que hace cada quien con las que le tocan.

Utilizar un micrófono para insultar y burlarte de todo mundo puede vender. Tal vez sea la única forma en que sepas ganarte la vida. Pero no te extrañe que haya quien tenga ganas de darte un merecido puñetazo en la cara. Y no faltará quien te lo dé, aunque le cueste la chamba. Ahora, si decides golpear a un periodista y eres futbolista profesional, seguramente serás sancionado. Si eres el entrenador, serás despedido.

Si quieres un equipo con mucho carácter y personalidad, con muchos “pantalones” pues, contrata a un técnico con dicho perfil. Pero después no te asustes si el carácter lo traiciona. Si en cambio pones a alguien con perfil bajo, es muy probable que tu equipo se muestre tibio en la cancha.

Mientras sigas menospreciando a tus rivales, en especial a los de Concacaf, cada vez serán más los equipos capaces de eliminarte. Primero fue sólo Estados Unidos; después Honduras y Costa Rica; ahora Panamá. ¿Quién sigue? ¿Hasta cuándo 3 y medio lugares serán suficientes?

Por más sentido común que le pongas, una decisión que huela al América tendrá la aprobación incondicional de muchísimos americanistas y la condena igual de incondicional de no menos antiamericanistas.

Y si llegas a ser técnico de la selección mexicana, felicidades. Disfrútalo mientras dure, porque llegará el momento en el que tengas que despedirte, y entonces serás despreciado, señalado y linchado por los mismos que en su momento te aplaudieron.

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