Un cartucho quemado: El Piojo Verde.

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Georgina Larruz Jiménez

@LarruzMG

Resumen: No es la primera vez que un partido político hace uso de figuras conocidas como líderes de opinión para ser parte de la estrategia mediática en campaña. El detalle es a quién recurrió: a una de las figuras que nos ha aparecido hasta en la sopa y en qué momento: en el cotejo de Brasil contra México en pleno día de elecciones. 

Lo que ocurrió el pasado domingo fue un episodio que tocó dos terrenos que, de por sí, ya es un cuete que nos pongamos de acuerdo. El Piojo Herrera cayó de la gracia de muchos internautas por la publicación de sus tuits verdes.

Los posteos, en efecto polémicos, a ojo de buen cubero, no resultaron ilegales, de acuerdo con las disposiciones electorales vigentes. De ese tema, le tocará discutir y determinar si hubo alguna violación a las leyes en materia a los especialistas en Derecho Electoral. En lo deportivo, sí hubo una desobediencia a un estatuto ontológico, es decir, una serie de instrucciones, cuyos alcances de sanción no van más allá de una fuerte llamada de atención y una multa que les equivale a tres pelos de gato. En este caso, tampoco es mi intención hablar del potencial castigo a Marco Fabián, Oribe Peralta y Miguel Herrera; más bien, explicar brevemente y, quizá responder a estas interrogantes: ¿por qué ellos?, ¿por qué en esa fecha?

No es la primera vez que un partido político utiliza personajes públicos para orientar la intención de voto. De hecho, esa táctica del marketing tradicional es de las más antiguas para la promoción de un producto. Antes –y también en lugares donde no se le otorga un peso magnánimo a los medios digitales- los operadores políticos y la gente del equipo de campaña del candidato se sentaban a negociar con algún líder comunitario (ya sea el párroco de la iglesia, el consejero, el líder de la colonia, el líder de comerciantes, etcétera) para que éste “orientara” las preferencias electorales de los indecisos.

Este principio se aplica al uso de influenciadores en Twitter, los famosos tuitstars. Ellos son los principales objetivos de todo aquel que quiera posicionarse en parte de este mundo digital, un solo tuit, retuit o favorito puede tener alcance a millones de personas. En campañas políticas, esto tampoco es nuevo, en el 2012 los partidos políticos pagaron millones de pesos por voces tuiteras para publicar mensajes de apoyo y de ataque a los tres candidatos a la presidencia de la república. Y como no hay una regulación estricta para internet, es muy fácil aprovechar aquellos vacíos legales que proporciona el ciberespacio. Tres años después el Partido Verde recurrió a esa estrategia: negociar con las agencias de relaciones públicas de varias personas conocidas en el mundo del espectáculo para que, por unos miles de pesos, tuitearan a favor de las promesas y los “logros” del partido en el Congreso.

La diferencia que hizo mucho ruido al mundo futbolístico mexicano fue quiénes tuitearon y qué tuitearon. En realidad, muchos de los que leyeron los tuits de estos tres personajes no fueron en automático a votar por el partido del tucán ¿o sí? Al Partido Verde se le hizo fácil tomar como “líderes de opinión” a tres personajes muy conocidos del mundo deportivo, sí, por algunos momentos de nivel en su carrera, pero también porque eran protagonistas de cincuenta mil comerciales. Casualmente en una de las fechas en las que los seguidores de las redes iban a fijar más atención en sus perfiles: el cotejo contra Brasil. La hora fue deliberada, pues con eso se fijó la agenda político-pambolera de ese día.

Del Piojo, ni se diga. A este señor lo vimos en anuncios de medicamentos contra la acidez estomacal, de sorteos de lotería, de planes tarifarios de compañías telefónicas, de portales de internet en los que se venden artículos seminuevos (y que incluso tuvo que ser retirado por la Profepa). Fue embajador de campañas a favor de la donación de órganos, de las aportaciones a las afores, de la activación física e incluso fue la imagen de la promoción turística de Chiapas, estado en el que, por cierto, gobierna el PVEM. Todos esas apariciones las cobro, y lo hizo muuuuuuuuuuy bien.

Francamente ya había una saturación de imágenes del Piojo. Se convirtió en pepita de todos los moles y eso ya hartaba. Los polémicos tuits ya fueron la cereza del pastel. Un error táctico que el equipo de Relaciones Públicas de Herrera no calculó y que, por supuesto, incidirá en la percepción del técnico nacional y en los posteriores llamados publicitarios para las marcas. Del trato con la prensa, tras estos cuestionamientos en Sao Paulo, terminó por ser un gol que se comió el equipo completo.

En términos de marketing digital fue un autogol al arriesgar una marca que había redituado bastante bien en el mundo publicitario. En el terreno futbolístico, no son proporcionales dichos rendimientos.

Espero que esto sea una pausa muy larga para el entrenador en su faceta actoral, y más ahora que tiene en puerta dos compromisos importantes, los cuales sí nos dan para dejar de vivir del #NoEraPenal y esa euforia de Brasil 2014. Ojalá que el Piojo, con estas condiciones, haga que sus verdes sí cumplan con lo que espera la afición.

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