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@VegAboutFutbol

Enrique Vega

Salvo la copa mundial, no existe un torneo, una liga, una copa que adquiera tanto valor futbolístico como la Champions League. El nivel que suelen mostrar los clubes en esa liga, asegura un espectáculo que no se encuentra en ningún recoveco del planeta. La estética, la belleza y la pulcritud con que se juegan la mayoría de los partidos de la Champions, hacen se ella un torneo diferente, un certamen donde normalmente de apela al buen trato del balón, donde se alcanzan los más altos estándares de excelencia que este deporte nos pueda brindar. Vaya, es una delicia –lo digo en muchos sentidos- ver un partido de esta competencia. Todo esto se alcanza en gran medida porque la Champions reúne a los mejores clubes de Europa, en donde, por cierto, juegan los indiscutiblemente mejores jugadores del mundo. No es un secreto que los mejores equipos del orbe se dan cita casi año con año a la fiesta más elegante que tiene el fútbol actual: la UEFA Champions League. A medida que avanza el certamen, la competencia se va cerrando a grado tal de forzar a los futbolistas del más alto nivel, a mostrar por qué están en la cúspide del futbol.

A mitad de semana nos topamos con un choque de monstruos: Barcelona y Bayern, dos equipos que sostienen una reciente historia de éxitos escalonados y que entre sus filas resaltan jugadores de excelsa envergadura, sin embargo hay uno que destaca no sólo de entre estas dos brillantes escuadras, hay un jugador que destaca por encima del resto de los jugadores del planeta, me refiero obviamente a Lionel Messi.

Cuando Messi está en la cancha y toca el balón, salen de inmediato las nefastas comparaciones con los dioses del pasado y del presente del futbol: Maradona y Cristiano Ronaldo; señoras y señores, esto es ridículo, Messi es diferente, no sé si mejor, pero sí diferente. No pecaría de exagerado si digo que al ver jugar al 10 del Barcelona es como escuchar a Mozart o ver un cuadro de Da Vinci. Los pincelazos de talento del argentino se pueden comparar con genios de otras disciplinas humanas que poco tengan que ver con el futbol, pero que en común tienen el arte y la genialidad. Así es Lionel, un jugador que puede definir el partido más cerrado, frente a los mejores adversarios, con una maestría que podría parecer no humana. Estamos, celebrémoslo, en la era del astro argentino, pasarán muchas décadas para ver un genio como el que hoy nos deleita con la playera 10 de la selección argentina.

No sabemos cuánto tiempo nos pueda seguir dando Lionel en cuanto a futbol, pero hay que aprovecharlo y entender que es un futbolista distinto, que no tiene comparación porque lo que hace en la cancha es arte, es placer. Viene una camada importante de futbolistas que marcarán época, entre ellos Götze, Neymar, Isco, Morata, Hazard, Paul Pogba y James Rodríguez pero tendrán que esperar a lucir como debieran, pues les tocó vivir en la era de uno de los mejores de la historia, la era de Messi.

Los comparativos no caben cuando estamos frente a un histórico del futbol, porque en efecto, CR7 es un jugador maravilloso y sin precedentes pero, nos guste o no, Messi es un Dios. Podremos amar u odiar al Barcelona e incluso amar u odiar a Lionel, pero cuando éste juega, aceptémoslo, no nos queda más que aplaudir, pues consciente o inconscientemente sabemos, muy independientemente de nuestros colores, que estamos frente a un jugador de aptitudes gigantescas, frente a un Dios del futbol.

 

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